Tuesday, October 28, 2008



Mujer, qué lejos me quedas. Fuiste mi deseo y, como todo, breve sabor en los labios, brisa que presagia tormenta. Qué largo se me hace el tiempo que no puedo tocarte, qué breve tu invierno en mi agosto. Quién pudiera ser tú misma y agrietar primaveras. Quién pudiera tenerte, como un cuadro si quiera, para verte al menos. Me auguro un triste devenir de felicidades y logros, con tu deuda insalvable rozando una esquina, un retal si cabe, de mi latido derecho. Podría encontrarte sin que tú me buscaras, y parecerme en algo a aquello que soñaste; podría mudarme de vida y ni si quiera eso sería bastante. Las lágrimas de un hombre no salvarán los días que acumule el calendario en tu ausencia. Ni todas las lágrimas de un hombre, mujer. Ni todas las lágrimas de un hombre. Podremos buscarnos, y nunca, nunca seremos quienes se encontraron aquella tarde. Qué castigo saber que existe la esperanza de tropezar con tu sonrisa, tan ajena y diferente ahora. Qué tristeza infinita vivir con la certeza de que ya nada es posible. Qué lento y monótono es el día que no ceso de soñarte, de imaginar acaso que existes. Te recuerdo, Amanda.

Se lo escribí así, también se lo canté...

Hay una mujer
Que camina con los gestos por los que yo un día daré
Mi vida o lo que tenga en los bolsillos
Todo a cambio de cariño
Y sólo espero que esta vez
El destino quiera,
que de alguna manera
No me toque a mi perder…

Thursday, October 16, 2008

The Pifies in concert


Suele ser en salas como Apolo, Razzmatazz o Bikini. Realmente no sé si alguna de estas salas ha cerrado, diría que no, el caso es que en ellas suele suceder. Digamos que son acciones de guerrilla urbana para conservar lo que podríamos denominar un patrimonio social: los modernos. Para ser moderno es requisito indispensable cumplir una serie de premisas que no voy a detallar, entre otras cosas, porque para eso ya tenemos a Miqui Puig. Mención aparte merece este energúmeno, el rollo que se marca de crítico musical cuando todas las canciones que ha hecho en su vida son una puta mierda. En fin.

El caso que nos ocupa es el de "los conciertos de los modernos". Todo ocurrió un caluroso mediodía de Septiembre. Habían quedado donde quedan todos. Nota del autor: los modernos no quedan en lugares especiales, salvo si van al cine. Entonces sí. Al quedar con un moderno para ir al cine te darás cuenta de lo siguiente: sólo van al cine Verdi (cuna de modernos) y quedan contigo media hora antes con la siguiente frase: "vamos al Verdi, te espero en el bar de enfrente, estaré sentado en una mesa leyendo un libro". Efectivamente, los modernos leen. Sobre todo subtítulos. Subtítulos de películas que son una auténtica basura pero que como están en sueco o en yaddish, y la producción no daba para más que para contratar a un cámara con parkinson (lo que genera el conocido movimiento Bruja de Blair), suelen ser films considerados una obra de arte por los modernos.

Pero volvamos al asunto principal. Como iba diciendo, quedaron en el mismo lugar donde queda todo el mundo. Llegados ambos al encuentro se besaron y él, para impresionarla, le enseñó dos entradas que había adquirido para el concierto de los The Pifies en el Apolo. Ella, que se había gastado 630 euros la semana anterior en una falda a cuadros, unas mallas negras, unas bambas de colorines y una camiseta oscura, con tal de parecer un auténtica moderna, sufrió un desgarro vaginal al oir la suma de la palabra APOLO junto al nombre de un grupo que en su puñetera vida había escuchado.

Es como aquella ocasión en la que ella y yo, jóvenes y hermosos, nos plantamos delante de la cartelera del cine. Yo , dispuesto a ver la última versión de Scary Movie, intenté mostrarme elegante y cortés como suelo hacer en todas las primeras citas y pregunté "qué película quieres ver?". Ella, elegante y dulce, como únicamente fue en las primeras citas, respondió "Qué dan?" Cabe decir que su condición de estudiante de Producción Audiovisual le hizo obtener uno de sus mejores orgasmos (al menos uno de los mejores en los 3 años que duró nuestra relación) al escuchar de mis labios "... dan la última de Woody Allen". Sí, la única referencia que tenía de Woody Allen aquella muchachita peliroja era una fotografía pegada en su "moderna" carpeta junto a otra del gran John Lennon, autor, según ella, de "We are the champions".

Pero volviendo a nuestros amigos modernos. Una vez llegaron al concierto, ella con los ojos desorbitados y llenos de emoción, se fueron juntando con otros muchachos y muchachas de su condición lo cuál les hizo sentirse parte de algo por una vez en su vida. Tras una larga espera en la pista de la sala aguardando la salida de los The Pifies, que presentaban su disco "Warren Betty in the water" por cierto, un chico moderno, que parecía haberse embadurnado el pelo con mantequilla desecha y aceite de coche, cogió el micrófono y dijo:

"Apreciados amigos modernos, gracias por la asistencia, esperaremos media hora más. En la barra de la sala podéis pedir batidos de chocolate y fresa. Los camellos que tenemos repartidos por la sala os proporcionarán de manera clandestina cigarros de polvos de talco y peta zetas. Están muy buenos y estallan en la boca. Por último recordaros que a la salida se os devolverá el dinero de la entrada adquirida. Una vez más, agradeceros vuestra presencia a este concierto ficticio. Sin vosotros no sería posible que nuestra condición de modernos siguiese viva. Gracias. Nos vemos en el próximo concierto. Las encuestas sobre el nombre inventado del grupo están a vuestra disposición en nuestra web. Por el momento está ganando Polin Dockers, pero le sigue de cerca The Lonelyshambles. Por favor, no propongais nombres tan reales. Gracias. Viva Pete Doherty!"

Sin más acabó la cita. Sin embargo nuestros amigos pudieron decir a sus amigos que habían asistido al concierto de The Pifies, todo un acontencimiento.

He aquí la explicación de porqué tantos conciertos modernos. Espero que il farsante me lleve alguno, después podemos ir al cine, al Verdi, claro.